domingo 14 de febrero de 2010


Habla de su poemario Ardentía, obra calificada de interesante y atípica
Mi idea de la escritura es muy personal: Víctor Manuel Pazarín
En esta obra los poemas interactúan entre sí, explica en entrevista
RICARDO SOLÍS
www.lajornadajalisco.com.mx/2010/02/14/index.php

El poeta jalisciense Víctor Manuel Pazarín Foto: FOTO LA JORNADA JALISCO
El escritor jalisciense Víctor Manuel Pazarín, en entrevista con La Jornada Jalisco, habla acerca de la publicación de su más reciente libro, Ardentía (Doble Sol, Buenos Aires, 2010), un volumen breve de poemas editado en Argentina, en coparticipación con el sello editorial Tinta Nueva, de la ciudad de México, a través del contacto establecido por su director, el también escritor Federico Corral Vallejo.
De esta forma, Ardentía se coloca como un título dentro de una colección en la que esta casa editora argentina publica obras de escritores mexicanos contemporáneos. El texto, sometido a consideración en ambos países, fue aprobado bajo la calificación de su escritura como “interesante y atípica”.
El libro, de acuerdo con el autor, “fue escrito en un lapso de tiempo que se especifica en el texto”, esto es, de mayo de 1999 al mes de agosto de 2000, “un periodo de experiencia humana al cual respondí” y, así, permaneció mucho tiempo “guardado”.
En este sentido, establece Pazarín, “mi idea de la escritura es muy personal, ni trato de intelectualizarla ni tampoco intento sorprender a nadie. No es la intención. Se trata de responder a un asunto humano y si en eso ‘algo’ de literatura o de poesía se cuela, para mí sería formidable. No lo sé decir. Me gusta el texto, pero no porque responda a un hecho concreto de mi vida sino porque es agradable, me agrada, me contagia cosas. Y cursi como soy, respondo a esa cursilería que –quizá– existe en Ardentía. No me desanima o inquieta ser un cursi total”.
Ahora bien, el tono del libro parece distanciarse de estas palabras, su registro –dentro de su carácter “amoroso”– contiene las formas del reclamo y, en su mayor parte, como una “celebración atemperada”, su efecto es ritualista; en este orden de ideas, el poeta establece que “de algún modo es un ritual todo el libro, lo que ocurre ahí”, puesto que “no sólo es un poemario” sino que se trata, asimismo, “de una narración”, de ahí que “me parece casi imposible que muchos de sus textos se sostengan por sí mismos, tienen que estar en relación con los demás”, en lo que describe como “una especie de secuencia, pero también de exposición. Esto hace que los fragmentos se sostengan, al recargarse en la espalda uno de otro. Repito, no es un libro que desee sorprender, tampoco que pretenda más allá de lo que es en sí mismo. Y me parece digno, en ese sentido. Responde a una honestidad de vida, de momento, de existencia. Y me agrada porque es honesto, es decir, reconozco honestidad en él”.
Respecto del proceso de escritura, para el autor la respuesta es concreta: “respondí a cada experiencia. De hecho, es un libro muy breve, pero fue más grande y sufrió recortes, algunas cosas no funcionaron ya como parte del ensamblaje de una serie de textos que, ya después de haberse escrito, se convirtió en una historia y me interesaba contarla como tal”.
Ante esta definitividad del sustrato narrativo en un libro de poesía, Pazarín asegura que “para mí fue fundamental no repetir otras experiencias literarias o poéticas porque no me decían nada. Y no porque ya no vuelva a esas antiguas relaciones con el soneto u otras formas clásicas que me interesa seguir, aunque todo mundo las haya denostado. Pero creo que el ejercicio literario es de carácter espiritual y, si en ese ejercicio, ‘algo’ se revela del alma del sujeto o de la circunstancia, me parece que tiene ya un cierto valor, que tal vez no pueden verlo otros, y es válido, y probablemente sea un ‘tache’ inmediato durante la lectura; pero mi idea no es exactamente ser literario, en ninguno de los casos, ni cuando escribo un cuento o una novela o un artículo. Me interesa hacer el intento de que la comunicación se logre, y si me satisface como manifestación personal, en el sentido estricto del diálogo, es para mí muy importante. Muchas de las cartas que parecen en el libro lo son”.
Otro detalle es el cambio de disposición de los textos en la versión publicada, lo que el autor explica al decir que “de pronto sentí que era un libro que era demasiado extenso y que perdía algo que para mí es fundamental en la escritura: la intimidad. Es un libro íntimo, pretende serlo y nació de un hecho íntimo. La versión anterior no parecía ser muy clara en ese ‘bosque de papel’ que exhibía ‘huecos’, se me figuró ‘fofo’. Entonces lo fui uniendo, y creo que así resulta más efectivo, como la narración que –en efecto– es, completamente ficticia; aunque derive de hechos que alguna vez fueron ‘realidad’, me gusta como fabulación”.
Pazarín asegura que espera del libro que, quienes lo lean, se identifiquen con quienes aparecen y se nombran en él; además “hay algunas citas y homenajes a la Biblia, a algunos poetas (en citas concretas), y es un paseo, un pequeño viaje, concreto, a veces doloroso, que finalmente está ‘dirigido’ y espero que esa dirección se complete pronto, es decir, que cerrará el círculo con el motivo por el cual fue escrito”.
Por otro lado, Ardentía contiene no pocas referencias al entorno natural, identificables en algunos elementos que, refiere el escritor, al preguntársele si hubo algún grado de “conciencia” al escribirlo: “yo podría decir que sí, pero no es cierto. Supongo que puden encontrarse referencias a Novalis, a Rilke, a Baudelaire (en especial en sus poemas en prosa). De lo que sí estoy conciente es de seguir –de algún modo– el modelo del poema en prosa de Baudelaire, es decir, mi modelo fue ese, uno muy difícil pues, el poema en prosa es una rareza y, como tal, uno hace intentos por acercarse a los buenos ejemplos; pero no es posible saber si se logra o no. Y de pronto uno se sorprende al mirar el engranaje en el lenguaje sin saber si se fincó bien o no. Pero conciencia, con precisión, no hubo. En el amor –a veces– no hay conciencia; puede decirse que es inconsciente pero debe prevalecer la inteligencia, y en ella está el dolor”.
Para el también autor de libros de relatos y una novela, Ardentía “es la historia de un amor frustrado, la historia de lo inalcanzable. Desde ahí, creo, como lector, después de tantos años, me comienza a interesar. Porque de alguna manera, en otros textos míos, encuentro parentesco con los de Ardentía, especialmente en lo que es la búsqueda de lo inalcanzable, de un amor inalcanzable; no porque lo sea del todo, es decir, ahora no podría escribirlo, es un libro que es producto de una circunstancia. Lo que me ocurre ahora es tomado de otro modo, no pertenecen a un terreno que ya experimenté, al cual me abandoné”.
Finalmente, concluye Pazarín, “es un libro evocativo, que evoca amor por el lenguaje; sin que se pretendan palabras rebuscadas sino, por el contrario, una forma de sencillez expresiva. Si algo de relevante tiene, es esa forma de amor. Se trata de un libro amoroso, aunque ahora se escriban pocos en este sentido o se juzguen pasados de moda. Pero yo no estoy en la moda. Escribí sobre lo que me ocurrió. Así lo cuento, tratando de ser preciso, sincero y desenfadado, esto es, no pensaba que escribía un poema, intenté expresarme. Sólo eso”.